La vida es como una casa, con puertas que se abren y habitaciones que guardan historias. Algunas están en orden; otras, vacías o rotas. Pero cuando Cristo entra, no lo hace como huésped… viene a habitar, a sanar, a llenar cada rincón con su luz.
Ven a mi casa no es solo una invitación que le hago a Dios, sino también una que te extiendo a ti: entra conmigo en este viaje de transformación espiritual y crecimiento interior.
Aquí encontrarás seis habitaciones espirituales que Dios ha estado reconstruyendo en mí: mi altar personal, mi llamado familiar, mi manera de amar, mi rol como padre, mi imagen de Dios y mi forma de atravesar el dolor. Cada una de ellas contiene reflexiones, enseñanzas, podcast e historias que nacen desde la intimidad, el arrepentimiento y la esperanza.
Entra con libertad. Tómate tu tiempo. Esta también es tu casa.
Este es el espacio donde todo comienza: el corazón entregado, la puerta cerrada, el altar encendido. Aquí encontrarás reflexiones sobre la devoción íntima, la oración secreta, la sanidad interior y el deseo profundo de que Dios habite cada rincón del alma. [Entra en esta habitación]
La familia no es solo refugio: también es misión. Esta habitación es un recordatorio de que fuimos llamados, como hombres, mujeres, esposos e hijos, a servir a Dios juntos. Aquí reflexionamos sobre el hogar como espacio de testimonio, formación y envío; sobre el diseño de Dios para una familia que lleva su nombre, y sobre la gran comisión llevada a cabo desde la mesa, la sala y el altar familiar. [Entra en esta habitación]
El amor también es un altar, un pacto, una siembra. Aquí hablamos de relaciones que honran a Dios: soltería con propósito, noviazgos guiados por la Palabra y matrimonios donde el amor florece como una viña bien cuidada. Reflexiona, prepárate y edifica tu relación en Cristo. [Entra en esta habitación]
Aquí se cruzan las memorias de hijo con las luchas del padre. Esta habitación es un espacio para volver el corazón hacia los hijos, hacia los padres, hacia Dios. Un lugar para sanar historias familiares, abrazar el legado que recibimos y cultivar la paternidad con amor, verdad y propósito. [Entra en esta habitación]
Esta habitación es el lugar donde Dios se reveló a mí, no solo como Creador, sino como Padre. Aquí reflexiono sobre el Dios que conocí en mi niñez, el que me fue presentado por mis padres, y el que ahora enseño con mis palabras y con mi vida. Es mi zarza ardiente personal, el altar donde el YO SOY habló y me envió a ser maestro de Su nombre en mi hogar. Conocerlo es mi herencia… y mi mayor legado. [Entra en esta habitación]
Esta es la habitación que nadie quiere visitar, pero todos atravesamos. El lugar del dolor, la pérdida, el quebranto. Aquí comparto mi paso por el desierto: cuando todo parecía vacío, seco, sin propósito. Pero también hablo de lo que encontré allí… o más bien, de Quien me encontró. Porque aun en la soledad más profunda, Él habló. Y su presencia fue manantial en medio de la sequía. [Entra en esta habitación]