La definición de carácter varía según a quién se le pregunte. Para algunos, un hombre de carácter es alguien “de armas tomar”, que “se hace sentir”. Para otros, es alguien educado, carismático, elocuente o con una reputación profesional destacada. La Real Academia Española define el carácter como: “fuerza y elevación de ánimo natural de alguien; firmeza, energía”. De ahí que se hable comúnmente de personas con “carácter fuerte” o “carácter débil”.
¿Qué es realmente un hombre de carácter desde una perspectiva bíblica? Muchos se sienten indecisos al responder esta pregunta porque no saben si deben hacerlo a partir de lo que un hombre hace o es. ¿Debemos definir la masculinidad por actividades específicas —como proteger, proveer o liderar— o por algo más profundo?
EL DILEMA CULTURAL
Durante generaciones, el hombre fue visto como el principal proveedor del hogar y el responsable de ofrecer seguridad a su esposa e hijos. La mujer, por su parte, asumía mayormente la crianza de los hijos y el cuidado del hogar. Estos roles estaban profundamente ligados a la supervivencia. El hombre sabía que debía trabajar para sostener a su familia, y la mujer entendía que debía preservarla para las siguientes generaciones.
Sin embargo, el panorama cultural ha cambiado de manera drástica. Hoy las mujeres son autosuficientes, ocupan posiciones de liderazgo y cumplen —con gran capacidad— roles que antes se atribuían casi exclusivamente al hombre. Como resultado, la idea del hombre como protector y proveedor ha perdido centralidad en el imaginario social.
En medio de esta confusión, muchos han optado por mirar las tendencias actuales y las nuevas corrientes filosóficas —como las llamadas “nuevas masculinidades”. Sin embargo, la Escritura nos invita a mirar en otra dirección. Como bien han dicho nuestros hermanos del Seminario Reformado Latinoamericano de Medellín: el futuro está en el pasado. Para entender qué es un hombre de carácter, no debemos revisar primero las tendencias culturales, sino volver al diseño original de Dios.
LOS VALIENTES DE DAVID: CARÁCTER MÁS ALLÁ DE ESTEREOTIPOS
Uno de los pasajes más reveladores sobre este tema es el que describe a los valientes del rey David.
Cuando el lector de la Biblia llega a 1 Crónicas 11 y 12, David está a punto de ser coronado rey, y un grupo de fieles lo respalda para que conquiste las tierras que Dios le ha prometido. La Biblia se refiere a estos hombres como «los principales de los valientes que David tuvo» (1 Cr. 11:10). En 1 Cr. 12:23, el escritor enfatiza: «Y este es el número de los principales que estaban listos para la guerra, y vinieron a David en Hebrón para traspasarle el reino de Saúl, conforme a la palabra de Jehová».
Estos soldados encarnan lo que muchos consideran verdadera masculinidad: fuerza, destreza física, coraje y un aspecto imponente —algunos tenían “rostros como rostros de leones” (1 Cr 12:8). Sin embargo, de manera sorprendente, el autor inspirado describe las características distintivas de cada guerrero con un nivel de detalle inusual. Estoy seguro de que el propósito del Espíritu Santo es que todas las generaciones de lectores tengamos un testimonio de la valentía y valores de aquellos que levantaron bandera de victoria contra sus enemigos.
Estos principios se encuentran en 1 Crónicas 12:24-40 y 13:1-4, y se pueden describir de la siguiente manera: Listos para la guerra; Valientes y esforzados; Ilustres; Entendidos en los tiempos; Sin doblez de corazón; Con corazón perfecto y Amantes de Dios.
1. LISTOS PARA LA GUERRA
«De los hijos de Judá que traían escudo y lanza, seis mil ochocientos, listos para la guerra. […] De Aser, dispuestos para la guerra y preparados para pelear, cuarenta mil» (1 Cr 12:24, 36).
Uno tiene carácter cuando está listo para la guerra. Los mejores guerreros no solo saben pelear, también están preparados y vigilantes. La destreza sin disciplina es inútil, porque en una guerra sin treguas el menor descuido trae pérdida.
Un hombre de carácter debe estar siempre disponible. Entiende que su tiempo y energía están al servicio de su misión. En este sentido, la disposición del corazón es esencial para lograr la excelencia e inspirar a otros.
Estar «listo para la guerra» implica además desarrollar habilidades. No basta la buena intención, pues en la batalla se requiere saber hacer y saber ser. La disposición sin competencia conduce a la derrota.
2. VALIENTES Y ESFORZADOS
«De los hijos de Simeón […] valientes y esforzados para la guerra. […] Sadoc, joven valiente y esforzado. […] De los hijos de Efraín, muy valientes» (1 Cr 12:25, 28, 30a).
Un hombre de carácter es valiente y esforzado. En hebreo, valiente describe a quien actúa sin temor, con firmeza y determinación. Esforzado, por su parte, alude al vigor y la resistencia. Más que un temperamento agresivo o autoritario, es una actitud decidida: «Que tu sí sea sí, y que tu no sea no» (Mt. 5:37).
Y, ¿el carácter se mide por la edad? No. La valentía no depende de la edad ni de la experiencia, como lo demuestra el jóven Sadoc. El carácter se mide por la fe en Dios. No es valiente quien confía en su propia fuerza, sino quien permanece firme, sostenido por una fe perseverante.
3. ILUSTRES
«De los hijos de Efraín […] varones ilustres en las casas de sus padres» (1 Cr 12:30b).
Un hombre de carácter es ilustre. El término hebreo se refiere a tener renombre, buena reputación. Los guerreros de la tribu de Efraín eran hombres honorables, fieles a su palabra, coherentes entre lo que decían y lo que hacían, lo que los dotaba de autoridad.
Tengamos en cuenta que lo que otorga verdadero prestigio a un hombre no es la marca de su ropa, su estatus económico o títulos universitarios, sino una vida íntegra y coherente.
4. ENTENDIDOS EN LOS TIEMPOS
«De los hijos de Isacar […] entendidos en los tiempos, que sabían lo que Israel debía hacer» (1 Cr 12:32).
Un hombre de carácter es alguien que entiende bien los tiempos. Esto significa: con capacidad de discernir. La palabra hebrea «biná» (entendido) significa discernimiento. Es la capacidad de comprender una situación, evaluarla con sabiduría y tomar decisiones considerando sus consecuencias. El texto explica por qué estos soldados de Isacar eran entendidos en los tiempos: sabían lo que la nación debía hacer.
Tener discernimiento no es saberlo todo, sino actuar con prudencia; ver el panorama completo, evaluar los pros y los contras, y responder conforme al momento. Actuar con entendimiento de los tiempos es sabiduría aplicada.
5. SIN DOBLEZ DE CORAZÓN
«De Zabulón […] dispuestos a pelear sin doblez de corazón» (1 Cr 12:33).
Un hombre de carácter no es de doble ánimo. Otra traducción dice: completamente leales a David. La doblez es un corazón dividido. Hoy fiel, mañana no. Ser sin doblez es ser leal a una sola causa: primero a Dios y a su Palabra; luego, a los principios que rigen la vida; y también a las personas confiadas para amar y liderar. No se puede servir a dos causas, pues se amará más a una y se aborrecerá la otra (Mt. 6:24).
6. CON CORAZÓN PERFECTO
«Vinieron con corazón perfecto a Hebrón para poner a David por rey» (1 Cr 12:38).
Un hombre de carácter es un hombre íntegro. Corazón aquí se refiere a la voluntad y al propósito; perfecto (shalem) significa íntegro. Estos hombres actuaron con determinación, pero también con integridad. No había engaño ni doble intención. Lo que hacían coincidía con lo que pensaban y sentían. Tener un corazón perfecto es vivir con rectitud, ética y una conciencia limpia delante de Dios y los hombres.
7. AMANTES DE DIOS
«y traigamos el arca de nuestro Dios a nosotros, porque desde el tiempo de Saúl no hemos hecho caso de ella» 1 Crónicas 13:1-4.
Un hombre de carácter pone a Dios en el lugar de preeminencia. Lo primero que David hace al ser reconocido como rey es traer el arca de Dios. Anhelaba unir gobierno y adoración. Entendió que, sin Dios, todo éxito humano es fracaso.
Un hombre de carácter se esfuerza por poner a Dios en el centro de su vida personal, familiar y profesional. No persigue el poder por encima de la santidad, ni la prosperidad por encima de la devoción. Ama a Dios y ordena su vida alrededor de Él.
ALINEAR EL CORAZÓN
El predicador y evangelista Paul Washer señaló en una ocasión: «¿Qué regalo más grande puedo dar a mi esposa? ¿Qué regalo más grande puedo dar a mis hijos? Ser un hombre bíblico, un hombre instruido en la Palabra de Dios; eso es lo que tu esposa necesita, lo que tus hijos necesitan. Más que dinero, más que ropa fina, más que una casa de lujo, ellos necesitan un esposo, un padre que sea piadoso».
La pregunta sobre la verdadera masculinidad no es si estamos ocupados, preparados o informados; si somos exitosos, carismáticos o atractivos; la pregunta es si estamos disponibles, íntegros y alineados con el corazón de Dios.
¿En cuál de estas áreas Dios está trabajando tu carácter? Tal vez en la valentía, en la disposición, en la lealtad del corazón o en tu amor por Dios. Detente un momento, examina tu caminar y permite que el Señor te muestre lo que necesita ser formado.
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